Esta soy yo…

… y esta mi vida.

Es el mensaje feliz… Diciembre 21, 2008

Archivado en: Mi vida, Mis cosas, Reflexiones, Uncategorized — María @ 12:17 am

… de las muñecas famosa.
¿Qué habría sido mis recuerdos infantiles sobre la navidad sin este anuncio?

Esos barriguitas con “barriguita”, la Nancy de verdad, y no la de ahora (que por cierto no me gusta nada)… Era el momento de empezar a pensar en los juguetes que les íbamos a pedir a los Reyes.

 

So this is Christmas… Diciembre 19, 2008

Archivado en: Mi vida, Mis cosas, Uncategorized — María @ 8:36 pm

Me encantan las navidades, es una de mis épocas favoritas del año. Después de todo el ajetreo que conllevan todos los finales de trimestre, me encanta llevar la Navidad a clase, hablarles a los chavales de cómo celebran la Navidad en otros lugares, ponerles villancicos, ensayar los villancicos que cantan en el festival que hacemos el último día (que precisamente ha sido hoy)… Cuando esta última semana se termina, me vuelvo a casa y disfruto de las luces de la calle, los árboles de Navidad, los belenes. Me encanta pasear por la calle, ahora que a las 6 de la tarde es ya de noche, sintiendo el aire que me congela la cara, y en especial mi nariz, mientras miro los escaparates de las tiendas, pensando en los regalos de Reyes.

      Me encanta la ilusión de los niños en estos días, la cara de tristeza con la que miran a sus padres cuando les riñen por portarse mal y les dicen: “Los Reyes no te van a traer nada”. Recuerdo lo mal que lo pasaba yo cuando me lo decían, y eso que no era yo una niña muy revoltosa y que se portase mal. Cuando peor lo pasaba era la noche de Reyes. Íbamos a la cabalgata, deseando que alguno de los Reyes te mirase y te saludase. Llegábamos a casa rápido para cenar y meternos en la cama. Recuerdo mis nervios, mi emoción, la tensión de todos los músculos de mi cuerpo (aún se me agarrotan cuando estoy nerviosa). Mi hermano y yo dormíamos en la misma habitación, pero él, en cuanto posaba la cabeza en la almohada, se quedaba frito. A mì siempre me costó más dormirme. Así que cuando cada noche del 5 de enero sonaba el teléfono, yo oía: “Sí, un momento”, y mi madre entraba en la habitación a buscarnos, a la que encontraba despierta era a mí. Así que me tocaba levantarme, ponerme la bata e ir a hablar por teléfono con Melchor, o Gaspar, o Baltasar, el que fuese que llamase ese año. Yo lo pasaba fatal, ¡qué podía yo decirles a Sus Majestades! Me preguntaban sobre mí y sobre mi hermano, lo que les habíamos pedido, cómo nos habíamos portado… Y luego, a la cama otra vez y a dormir enseguida. ¡Cómo pretendían que me durmiese pronto! De los nervios las manos y los pies se me quedaban helados. Así no hay quien concilie el sueño. Durante mucho tiempo creí que los Reyes llamaban a todos los niños, así que pobrecito del que fuese el último en recibir la llamada.

      Me encantan las Navidades porque cada año por estas fechas, vuelvo a creer en la magia otra vez.