Esta soy yo…

… y esta mi vida.

Dichoso cambio horario Octubre 28, 2008

Archivado en: Uncategorized — María @ 10:11 pm

Pues sí, a mí que nada parecía afectarme, el dichoso cambio al horario de invierno hace que lleve dos días sin poder dormir bien. Me acuesto a la hora de siempre (que en realidad es una hora menos) pero a eso de las 3 y media de la mañana, mis ojos parecen tener un muelle y ¡plong! se abren como platos. Y nada, ya no hay manera de dormir. Vuelta para un lado y vuelta para el otro. Miro el reloj, las 4 menos cuarto. Otra vuelta, la cabeza comienza a funcionar repasando todo lo que tengo que hacer, o lo que no he hecho. Vuelvo a mirar el reloj, las 4 y cuarto. Pues nada, no hay manera. Cuanto menos duermo, menos puedo dormir. Una vuelta más. Pruebo encendiendo la radio, que suele ser mano de santo y más con los aburridos programas nocturnos. Pero no, esta vez es peor. Hay un programa en el que proponen a los oyentes historias de esas que tienes que adivinar haciendo preguntas. Así que no es que no pueda dormir, es que encima pongo atención. ¡Hay que jorobarse! Las 5 menos diez. ¿Cómo es posible que el reloj vaya tan rápido cuanto más se acerca mi hora de levantarse? Le enviaré el caso a Iker Jiménez a ver si da con la solución.  A las 5 y diez me da un ataque de tos. Maldito catarro, no es plan de despertar a todo el edificio. 5 y media. Termino apagando la radio. A ver, tranquila. No pienses en nada. Dios me queda poco más de una hora para dormir. Hay que intentarlo. Parece que ya… ya…zzzzzzzzzzz.

“Buenos días, son las 7 menos cuarto, una hora menos en la comunidad canaria”

Noooooooooooooooooooooo.

 

El monte de las ánimas Octubre 17, 2008

Archivado en: Aficiones, Libros, Tiempo libre — María @ 6:13 pm

El escribir un relato de Halloween para el foro de Trini Tinturé me ha hecho recordar las leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer. Siempre me han gustado las historias de miedo y cuando en el instituto oí hablar por primera vez de las leyendas de Bécquer decidí que tenía que leerlas.

      Fue un verano, en Valencia de Don Juan. Veraneaba en un pueblo cerca, bueno aún lo hago. Habiamos ido a visitar a una tía, hermana de mi abuela, que vivía en Valencia, y en uno de los puestos de libros de la feria lo compré. No costaría más de 300 o 400 pesetas, era cuando mi economía era bastante limitada y tenía que buscar estos saldos. De vuelta en casa, me enganché a la lectura. Podeis imaginaros que en verano se pasa uno todo el tiempo fuera de casa, y más en un pueblo pequeño, así que el rato que les dedicaba a las leyendas era al irme para la cama, que no solía ser antes de las 12 de la noche. Toda la casa en silencio, a oscuras, con la única luz de una lámpara de noche. Vamos, que ni hecho a posta.

      Bécquer tiene la cualidad de ir enganchándote en su lectura hasta meterte completamente en la historia. Entré en la catedral de Toledo, en Santa Inés en Sevilla… Todas las leyendas me transportaron a diferentes lugares. Por eso, al acabar de leer y antes de dormir, ya con la luz apagada, las sombras de mi habitación iban tomando forma…

      De todas, la que más me gusta y ya desde un principio es la de “El monte de las Ánimas“: Alonso, joven noble, es admirado por su gran valor. Está enamorado de Beatriz, su prima, que le hace ir al Monte de la Ánimas la noche de los Santos Inocentes a buscar una banda que perdió durante una cacería, para poder regalárselo. Al principio él se muestra contrario porque la gente de la zona contaba que esa noche, todos los años las almas de los guerreros muertos en una batalla sangrienta salían y peleaban de nuevo. Aún así, ella insiste y él va (si es que las mujeres somos de un convincente…). Su prima, durante esa noche, cree oír ruidos y ver sombras extrañas. Al levantarse se encuentra con la banda que había ido a buscar su primo  totalmente ensangrentada. Cuando los sirvientes van a avisar a Beatriz que su primo ha fallecido en el monte, se la encuentran a ella también muerta. 

       Imaginaos, ¿quién se levanta durante la noche tras leer esto?

 

Lady Jane Dormer Octubre 13, 2008

Archivado en: Mi vida, Uncategorized — María @ 3:55 pm

Os presento a la mujer que se llevará gran parte de mi trabajo, mis horas, mi esfuerzo, mis vacaciones, vamos, mi vida, durante los próximos años.

Duquesa, aquí unos amigos.

Horas de lectura y horas de escritura que desembocarán en un trabajo de investigación de doctorado, y con el tiempo, espero que en una tesis. Como dice mi madre “sarna con gusto no pica”, y esto de la investigación es algo que me interesa desde hace mucho tiempo. Pero claro, toda investigación requiere un tiempo del que no dispongo completamente y que tendré que “robar” a otras áreas de mi vida. Espero que todos los que me rodean lo comprendan. A ellos tendré que acudir cuando me bloquee o necesite evadirme y viajar cinco siglos de vuelta a mi tiempo.

 

Friends Septiembre 16, 2008

Archivado en: Aficiones, Televisión, Tiempo libre — María @ 9:58 pm

      Seguro que sólo con leer el título ya tengo a algunos de mis amigos de uñas: “Ni se te ocurra escribir en inglés”… ¡qué poco me conoceis! jajaja. Pero no, no os preocupeis. Este post no va de nada que no vayais a entender (aunque con el tiempo algo en inglés cae, eso sí, apto para todos). A lo que me refiero en el título es mi serie favorita, bueno, aunque algunas ya le están comiendo terreno.

      Empecé a verla cuando la estrenaron en Canal +. La verdad es que no comencé muy animada porque sustituía a una serie que también me gustaba mucho, “Caroline en la ciudad” creo que era su título en español. Pues bien, un martes a las 8 de la tarde (porque los lunes echaban el programa de fútbol de Michael Robinson) nos sentamos frente a la tele mi hermano y yo, “a ver de qué va esto”. Así es como Mónica, Ross, Rachel, Joey, Chandler y Phoebe entraron en mi vida. No sé si todos sabeis de qué va la serie. Muchos habreis visto algún capítulo de alguna reposición por lo menos, otros sé que sois tan fans como yo. Mis alumnos no los conocen, son muy jovencitos (Dios, que vieja soy, juajua). Breve resumen: Mónica (cocinera) y Ross (paleontólogo) son hermanos. Ross se acaba de divorciar de su mujer porque es lesbiana. Mónica vivía con Phoebe (rarita, masajista, con “poderes” extrasensoriales), y eran vecinas de Joey (actor en paro) y Chandler (nadie sabe a lo que se dedica realmente). Aparece Rachel, amiga de la infancia de Mónica y amor platónico de Ross, vestida con traje de novia ya que acaba de dejar a su novio en el altar. No tiene profesión, es hija de papá, por lo que decide quedarse a vivir con Mónica y buscar trabajo en el mundo de la moda. Os hablo de a lo que se dedica cada uno porque en todos los capítulos ocurre algo con los trabajos, de una u otra manera, y son sus empleos parte de la personalidad de los personajes.  Os dejo aquí el principio del primer capítulo, decidme lo que os parece (atención a la metáfora de zapatos y bolsos):

      La personalidad de los personajes ya está definida en el capítulo piloto.

      ”Friends” se emitió durante 10 temporadas y tuvo mucho éxito por todo el mundo. A raíz de la serie, los actores fueron ganando popularidad (algunos más que otros, todo hay que decirlo). Muchos actores muy conocidos han participado en la serie con pequeños papeles, o incluso papeles que duraron bastantes capítulos. Tengo la serie completa. Me encanta coger al azar un DVD, volver a ver los capítulos y reirme a carcajadas viendolo, aunque ya sepa qué es lo siguiente que van a decir. Me muero de risa con los gags, las bromas… Y es que por mucho que la vea, no me canso.

 

Dame un libro, por favor. Septiembre 11, 2008

Archivado en: Aficiones, Libros, Mi vida, Tiempo libre — María @ 10:14 pm

Me gusta leer. No, María, precisión, ¡me encanta leer! Es uno de mis hobbies, mis vicios, mis adicciones. Prácticamente desde que era una enana ando con un libro debajo del brazo. Y desde el momento en el que descubrí las bibliotecas, más de uno.

      No sé de donde procede este afán de leer prácticamente todo lo que cae en mis manos. Dicen que los padres son los que dan ejemplo a sus hijos en el hábito de la lectura. Mi amiga Debbie no está de acuerdo con eso. A su madre le encanta leer y quería que ella leyese también. Debbie dice que por querer obligarla no le gusta leer, pero aunque no le gusta leer novelas, le encanta la poesía. Algo es algo. En mi caso mi padre tiene docenas de libros y lee bastante (hay gente que tiene libros sólo como adorno: un metro de libros verdes para que vaya con la decoración). Mi madre nos compraba a mi hermano y a mí libros educativos cuando éramos pequeños, libros que yo cogía una vez metida en la cama y releía una y otra vez. Como mi madre era socia del Círculo de Lectores, cada tres meses entraba un libro nuevo en casa. Aún conservo muchos de ellos, y muchos aún se encuentran entre mis favoritos: “Hijos del jueves”, “El bolso amarillo”, “El pequeño fantasma”, “Charlie y la fábrica de chocolate”…

      Según iba creciendo, la biblioteca del colegio ayudaba en los momentos en los que no había libro nuevo, y con el tiempo, las bibliotecas públicas se hicieron un hueco. El préstamo era de dos libros para dos semanas. Recuerdo que iba los viernes por la tarde, elegía dos libros y me iba feliz a casa. Empezaba a leer el primero ese mismo día al irme a la cama. Podían darme las 2 de la mañana leyendo, y algunas veces, acababa el libro antes de dormir de manera que el sábado podía empezar ( y a veces terminar) el segundo. Es el día de hoy, que incluso me dan las 4 o 5 de la mañana leyendo. Tengo que reconocer algunos libros me enganchan. En mi espacio de hotmail, puse una lista con algunos de los libros que me parecen interesantes. También tengo allí una entrada sobre libros. Este verano, mi amiga Cristina me dijo que cuando no sabía que leer, iba a mi lista y elegía un libro.

      Para mí, las librerías son el paraíso. Una vez que tuve independencia económica me dediqué a ampliar mi biblioteca personal. Desde entonces, ha ido creciendo a pasos agigantados. Tengo libros en español e inglés, y supongo que en breve comenzaré a leer libros en italiano. Cuando voy a una librería, el tiempo se para. Me puedo perder entre estanterías repletas de novelas, o libros de historia, de cocina,… Cuando voy a Inglaterra, me puedo recorrer casi todas las librerías del sitio donde estoy. Me da igual si son pequeñas librerías o cadenas, tipo Waterstones. En Dublín, no recuerdo el nombre de la librería, había bancos para que pudieses sentarte a hojear, o incluso leer un libro. Me encanta el silencio que hay, sólo interrumpido por el hilo musical. Hace algún tiempo descubrí los libros electrónicos y las bibliotecas digitales, un chollo que me ahorra bastante dinero.

      También tengo ciertas manías cuando leo. La primera es que no me gusta leer un solo libro. Tengo varios empezados, y según el humor con el que me encuentre en ese momento, leo uno u otro. Otra manía es la de leer el final. Sé que un libro me gusta cuando antes del capítulo diez ya he leído las dos últimas páginas, y según voy avanzando en la lectura voy leyendo más del final. Es algo que no puedo evitar por mucho que lo intente. Si no lo hago, es que el libro no me engancha. Comprobado. Otra manía es la de los marcapáginas. Me vale cualquier cosa, incluso una servilleta de una cafetería, lo que sea con tal de no doblar la esquinita de la página. También me vale cualquier rincón para leer: el autobús, la playa, la piscina, un banco de la calle, antes de ir a dormir…

     Por desgracia, hace algún tiempo que no leo por placer. Tengo aparcados varios libros que tendré que retomar y volver a empezar desde el principio. Estoy inmersa en mi trabajo de investigación y lo único que leo son libros referentes al tema: contextos históricos, biografías,… Pero como veis, de una manera u otra, sigo sin alejarme de la lectura.

 

Un año más Septiembre 1, 2008

Archivado en: trabajo — María @ 3:54 pm

1 de septiembre. El radiodespertador se enciende 2 horas antes de lo que solía hacerlo durante el verano y es que él no tuvo vacaciones porque incluso durante el verano hay cosas que hacer y sitios donde ir. Intento estirarme pero siento a Muki, mi gata, acurrucada a mis pies. Para ella no cambia nada. Cuando siente que estoy despierta se despereza y se acerca a darme cabezazos en el brazo para que la acaricie. “No puedo estar así toda la mañana”. Saltamos las dos de la cama, una ducha, el desayuno, un poco de orden en casa, me aseguro de que a los gatos les quede agua, comida y la arena limpia y salgo. Me dirijo a la parada y pienso: “¿Cuántos volvemos hoy a la rutina?”. Llego al centro y retomo la ruta que dejé hace dos meses. ¡Dos meses! Si parece que fue ayer. Me encamino a una cafetería, no perdono mi café antes de entrar a trabajar, es una costumbre. Pido el café, cojo el periódico y me siento. Leo las noticias del día y a ratos miro por la ventana, la gente pasa, pensando en sus cosas, o sin pensar en nada, no lo sé. Sensaciones que como cada año vuelven a mi mente, y son las que me hacen recordar el año que empecé a trabajar, cuando inauguré esta rutina. Pago el café y me voy.

      Llego al colegio y llamo al timbre. Sé que no soy la primera, este año hay recuperaciones en septiembre por lo que al menos uno de los profesores ya llegó a las 8 y media para empezar a examinar. Me siento en el ordenador de secretaría para echar un último vistazo a los exámenes para mañana antes de imprimirlos y que los fotocopien. Poco a poco el resto de profesores van llegando y nos vamos poniendo al día. Besos, abrazos, muchos “¿qué tal el verano?”, “te veo muy morena, ¿fuiste mucho a la playa?”, “otra vez aquí, ¿eh?”. Caras nuevas, un par de las que tendremos este curso (hace tiempo que no las tenemos), se presentan. Una de ellas es la chica que va a sustituir a Laura. Laura fue la profe de música los últimos 6 años pero este curso recibió una oferta de otro colegio en Avilés con más horas, y como es lógico, la aceptó. Siento mucho que se haya ido, todos la echaremos de menos, pero comprendo el caso, si yo estuviese en su situación, supongo que también aceptaría. Prometió visitarnos, aunque seguiremos en contacto y algún que otro café caerá. Las otras novedades aún tardarán algunos días en incorporarse.

      La directora nos dice que cada uno vaya a su clase, para ordenar e ir organizando material y demás, el claustro de principio de curso lo tendremos en un par de días, cuando terminen los exámenes. Nos encaminamos escaleras arriba, nuestras voces comienzan a dar vida a unos pasillos que llevan dos meses en silencio. El mismo silencio que las dos últimas semanas de junio, cuando, al pasear por ellos, venían a nuestra mente cosas del curso que acababa de finalizar, lo que hicimos, lo que no llegamos a hacer… pero, ahora, los pensamientos que llenan mi mente son sobre el futuro: lo que haremos, lo que podríamos hacer, en definitiva, lo que será.

       Me espera un curso complicado. Nos han concedido el programa bilingüe, por lo tanto los niños de 1º de primaria recibiran clase de Conocimiento del Medio y Plástica en inglés. Yo seré la coordinadora del programa por lo que me tocará organizar todo. Esta es una de las novedades que por la que encaro el curso con ganas. El hecho de sacar adelante un proyecto y desde cero me parece un reto increíble.  Además de eso, de mis asignaturas y las clases particulares, este curso me espera mi trabajo de investigación de doctorado, fase anterior a la tesis. Curso completito diría yo, no me queda nada, pero de nuevo os digo que lo comienzo con ganas y energías renovadas.

 

Todo se acaba… Agosto 30, 2008

Archivado en: Mi vida, trabajo — María @ 4:24 pm

…incluso mis largas vacaciones. Me queda un día antes de la vuelta a la rutina. Por una parte he de decir que me apetece volver al trabajo. Siempre se empieza con ganas y fuerzas renovadas, con un montón de planes para llevar a cabo e ideas que poner en práctica. Volveré el lunes y parecerá que no me hubiese ido. Todo seguirá más o menos en el mismo lugar aunque habrá novedades que ya os contaré.

      Aunque agotadora, mi profesión es algo gratificante. Me siento afortunada de trabajar en algo que me gusta y me llena. Nada es perfecto y algunas veces termino el día sintiendo que no he logrado los objetivos o lo que había planeado. Algunos días, especialmente los dos o tres primeros años, incluso me planteaba dejarlo, dedicarme a otra cosa. Pero los buenos momentos ganan por goleada a los malos y con el tiempo aprendes a sobrellevarlos y a superarlos. Te caes pero te vuelves a levantar con más ganas aún si cabe.

      Mi trabajo es vocacional. A veces digo que si yo, que trabajo en algo que me gusta, lo paso mal a veces, como lo pasarán los que terminan en la educación sin gustarles. No quiero decir que sean de esos profesores enfadados con el mundo, que hagan de la clase un infierno, que no sepan enseñar (hay profesores a los que no les gusta enseñar pero lo hacen de manera brillante), sino que lo deben pasar mucho peor que yo cuando llegan los momentos difíciles: las clases no funcionan, el gracioso de turno se pasa toda la hora incordiando, no avanzas lo que tenías pensado, una actividad maravillosa que te ha llevado mucho preparar no tiene el resultado esperado… y esto es sólo una pequeña muestra.

      Tengo meses por delante para seguir avanzando y creciendo porque los alumnos también nos enseñan cosas y nos hacen recordar otras. Pero el tiempo pasa rápido y en breve habrán pasado otros diez meses y volveré a despedirme de otro grupo de alumnos que nos dejarán para iniciar otra etapa, para crecer y convertirse en hombres y mujeres esperemos que de provecho. Será cuando ellos vayan alcanzando sus objetivos y se sientan orgullosos, yo sentiré que, aunque en una milésima parte, he formado parte del camino que les ha llevado hasta su futuro.

 

Una imagen… Agosto 21, 2008

Archivado en: Uncategorized — María @ 4:19 pm

…vale más que mil palabras.

 

Un pais olímpico Agosto 18, 2008

Archivado en: Reflexiones, Yo y el mundo — María @ 9:14 pm

“Lo importante no es ganar sino participar y competir.”

Me encantan los años de olimpiadas. Son los días en los que nos olvidamos del fútbol, más este año en el que no tenemos representación, y nos hacemos expertos en muchos otros deportes de los que ni siquiera habíamos oido hablar. Yo misma, me he ido aficionando a otros deportes por el mero hecho de haberlos seguido durante las olimpiadas: natación sincronizada, salto de trampolín, gimnasia, remo… Muchos de ellos tienen tan poca “publicidad” que no sabemos casi ni que existen hasta que no llega año olímpico, o hasta que un español no tiene éxito (vease la Fórmula 1 hasta que Alonso no entró en escena), y no siempre. Y es que llegan las olimpiadas y descubrimos gratamente que algunos de nuestros deportistas, los que practican esos deportes de los que ni sabíamos, son de los mejores del mundo, favoritos para ganar una medalla o ya campeones del mundo o Europa. Y todos nos volcamos con ellos, y animamos desde casa, protestamos jugadas sin saber nada del reglamento y nos sentimos estafados con algunas decisiones.

“Si lo importante no es ganar sino competir, entonces, para qué, maldita sea, se invento la puntuación…”

      Aún así, nos pasamos dos semanas pegados al televisor, o la radio, leyendo periódicos, emocionándonos al ver a los deportistas, ya sean españoles o extranjeros emocionarse al recibir su medalla, lloramos y reimos con nuestros éxitos y nuestras decepciones, no podemos hablar de fracasos ya que todos dan el 200%. Es en estos momentos cuando desearía estar en su lugar, saber que detrás hay todo un pais unido, animándote, siguiéndote y apoyándote. Además, el hecho de convivir con deportistas de otros países, que tienen que trabajar muy duro para llegar ahí, muchos de ellos no son ni profesionales. Cada año, el COI invita a algunos atletas a participar en las olimpiadas sin haber alcanzado las marcas mínimas, y allá van, quedan los últimos, llegan al final mucho después que los ganadores, pero ahí están, luchando y esforzándose como el que más. Esos son los que también merecen medallas. Eso, señores, es espíritu olímpico.

 

 

Otro mes que se va Agosto 2, 2008

Archivado en: Reflexiones — María @ 9:32 pm

… Y llegó agosto como es habitual en él: calor agobiante pero sin sol. Toda mi vida viviendo en Asturias y aún me sorprendo. Agosto. Comienza la Feria de Muestra y con ella llegan los empujones por conseguir un gorro regalo del stand de turno por el que se matan los jubilados (no es que tenga nada contra ellos, todos llegaremos allá, pero es que son los que están más ociosos), o darse de codazos para que nos vendan un bocadillo de calamares, pabellones llenos de gente, calor agobiante… Pero desde hace muchísimos años, 52 para ser más exactos, es una cita obligada para los turistas y en especial, para los gijoneses. Cuando era pequeña, mi madre nos llevaba a mi hermano y a mí a la feria una tarde. Mientras nosotros recorríamos los stands y los pabellones preguntando: “¿Tienes pegatinas?”, ella se sentaba en uno de los bancos de la calle y nos esperaba, nos veía correr de lado a lado. Cuando acabábamos con los de esa calle, nos íbamos a otra. Llegábamos a casa cargados de bolsas llenas de cosas que terminábamos tirando: folletos de propaganda (¿para qué queríamos saber lo que cada banco nos daba por tener una cuenta con ellos, si no llegábamos al mostrador?), o la servilleta de limpiarnos los morros después del helado. Todo acababa en aquellas bolsas. Lo que sí conservábamos, y lo hicimos durante muchos años, fueron las pegatinas  y las chapas, aunque con el tiempo, también acabaron en el contenedor. Siempre creí que éramos los únicos que nos recorríamos la feria buscando material promocional, pero con el tiempo he ido hablando con gente que hacía lo mismo, ¡ya creía que éramos unos frikis de las “pegatas”! Ja ja ja. Ahora, cuando vamos a los stands, no preguntamos por pegatinas, pedimos presupuestos para obras o reparaciones, nos interesamos por los sillones de masaje y compramos sartenes de las que anuncia la teletienda.

      A la feria se superpone la Semana Grande que hace que la gente en Gijón aparezca como los champiñones, ¡hasta debajo de las piedras! Conciertos en Poniente, fuegos artificiales, feria taurina…

      Agosto también significa un mes menos de vacaciones (esto de dedicarse a la educación tiene sus ventajas, aunque a algunos no les guste). Julio me pasa lento, lentísimo, pero agosto vuela. Feria, Semana Grande y nos encontramos a mitad de mes. Luego, durante las últimas dos semanas tengo la cabeza en el comienzo de curso, así que ni me entero. Y así otro mes que se va, y ya estamos en septiembre.